Te has parado a pensar alguna vez cuál es el motivo, el por
qué de no poder pasar de ese nombre, de esa persona, mientras ves los contactos
en tu móvil, el por qué de no poder leer cualquier tontería romántica de
cualquier blog sin pensar en esa misma persona, el por qué de no saber
imaginarte a cualquier otra de las tantas que pueden ser especiales durmiendo
contigo, viéndote como de verdad eres; como un mapache sin desmaquillar después
de una mañana de fiesta, con el pelo totalmente al contrario de como estaba esa
misma noche, sin ropa, con cualquier camiseta vieja y rota, con lo que sea, en
cualquier momento, como en realidad eres.
Te has parado a
pensar alguna vez cual es el motivo, el por qué del paso del tiempo, de los
pros y los contras, de lo bueno y de lo malo, de los intentos, de las llamadas,
de los encontronazos, de los finales, de los terminar de siempre, por qué
siempre es esa misma persona.
Segundas oportunidades nunca fueron buenas, ni terceras, ni
cuartas, ni todas las que vengan después, pero yo creo que ninguna de ellas en
realidad existe. La primera oportunidad quizá nunca se acabó, solo necesita
tiempo a ratos, y a ratos tiempo, necesita cambiar, una vez, y otra vez, la
primera oportunidad seguramente nunca se acabó, porque las que vienen después
no funcionan, y ésta sí.
Puedes negarlo, puedes intentar esconderlo, puedes tratar de
querer no sentir lo que sientes, puedes ignorarlo, e incluso puedes llegar a
querer olvidarlo y terminar por odiarlo,
pero siempre será tu primera oportunidad, la tuya, la que era para ti, quien
fue, y nunca dejó de serlo, quien podría verte siempre, y de cualquier forma,
quien sabe sin hablar lo que significa tu mirada, quien sabe cómo eres, porque
esa persona también es contigo, quien aprendió a enseñarte, y se enseñó
mientras te aprendía, la tuya, tu para siempre, que a veces es nunca.
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