Que somos la página de un libro
que todavía no está escrito;
que a lo que se le ve el final,
sin tener un principio...
tampoco tiene futuro.
Que a lo simple
no le sigue nada nuevo;
que la ilusión no aparece,
te está esperando...
Que no soy tu sitio, ni tu mi mapa;
que cuando hay yo, no estás tu,
y yo a veces no estaré,
y tú ya te habías ido...
Y yo.
martes, 17 de febrero de 2015
lunes, 24 de noviembre de 2014
Café
Como siempre los
resquicios de luz que entran por los estrechos huecos de la persiana avisan que
es la hora de que huela a café en la cocina. Es curioso como la claridad indica
que empieza un día nuevo, y es lo oscuro, lo vacío, lo que lleva a volver a
cerrar los ojos al final de la historia de la rutina.
Es ese olor a café lo
que le hace abrir los ojos, lo que le recuerda que le espera el trabajo de cada
día. Café en la cocina, café en el salón, café en el cuarto de los niños.
Los niños.
Corazón dividido, que
no sabe que su vida ya no es suya, que es de ellos, o de él.
Café que despierta. Qué
ironía del destino que sea oscuro como la misma noche, y es quien hace que, en
vez de cerrar, abras los ojos.
Rutina de siempre,
trabajo, colegio, compra, arriba, abajo, la prisa, los nervios, un beso, el
reloj, y a casa.
Da gracias, en el sofá,
por haberle dado tiempo a todo, que siempre le da, pero por si acaso. Piensa,
mirando fijamente esa foto de las primeras vacaciones, en las sonrisas que revela
el flash de una cámara; sonrisas de verdad, sonrisas que salen de dentro,
sonrisas que decían que todo estaba bien, que todo estaría bien.
Piensa, mirando
fijamente esa foto de las primeras vacaciones, qué es lo que se quedó en ese
hotel, en esa piscina, o en la orilla de esa playa. Piensa qué dejó en aquel
lugar, que nunca volvió con ella. Qué se fue, qué estaba y dónde se ha quedado
todo lo bueno que rodeaba esos momentos. Lo que sí sabe es quién no se ha ido,
quien está y dónde. Dónde.
Las cinco. Los niños.
Besos, cariño, sonrisas, cómo estás mamá, mira lo que hago mamá, sabes lo que
he aprendido hoy mamá, mamá, dónde está papá…
Papá.
Las nueve. Vuelve. Un
beso, dónde está el cariño, falta algo, qué se ha llevado el tiempo, por qué el
no sonrisas, por qué el todo malo.
No hay palabras, no hay
miradas, la complicidad se pierde conforme el reloj va marcado segundos,
minutos o días. No queda nada de lo que había en aquella foto que había estado
mirando tan fijamente esa misma tarde. No queda nada de lo que había cuando
empezó a construirse todo. Por qué de tu todo acaba quedando nada. Por qué se
ha convertido en un no te quiero, en un no nosotros, en un no del todo, en
nada.
Piensa en que la rutina
es la culpable, pero cuando aparecen las malas palabras, y los malos gestos, la
rutina se vuelve su mejor deseo. Es el oscuro, la noche, el vacío, cuando solo
la luz de su casa anuncia que los niños siguen despiertos, pero después…
Piensa en que la rutina
es la culpable, la rutina que viene después de terminar el día. Piensa en que
quizá se lo merezca, puede que haya hecho algo mal, que ya no sea la misma, que
con el tiempo lo bueno se lo llevaron las horas, que ya no es guapa, que no se
lo merece. Piensa en que quizá sea por ella, en que puede, haya que cambiar algo.
Piensa en las horas que quedan para que vuelva a oler a café.
Ya. Por fin. Luz en la
persiana otra vez. Rutina que vuelves, bendita rutina, aunque duelan un poco
sus ojos al abrirse, puede que necesite hielo, con maquillaje apenas se nota.
Sonrisa que se apaga,
intento de disimulo, colegio, compra, arriba, abajo, prisa, nervios, beso,
reloj, y a casa.
Piensa, mirando a nada,
porque apenas puede, en que quizá sea culpa suya, en que quizá el fallo no es
de nadie, solo de ella.
Mujer, compañera,
hermana, madre, amiga. Qué malo puede esconder, si da vida; la da y la regala,
la comparte, la presta, es de los suyos, de todos menos de ella. Qué malo puede
esconder, si había bueno y ya no queda, si él cambia y la cambia, si ella
intenta y no consigue, si poco a poco su luz de mañana va dejando de existir,
ya apenas queda café.
Ayuda. Ya no queda
otra, solo la ayuda, el impulso que presta una mano a extender la tuya para que
puedas seguir levantándola. La ayuda que pides y se te da. Valiente.
Valiente porque lo quieres
conseguir, por ellos, porque no se lo merecen, porque no te lo mereces.
Valiente, por seguir abriendo los ojos, por intentarlo al menos. Valiente,
porque sabes que la culpa no era tuya. Porque tu vida es de mujer valiente,
regalo.
Ahora el café sabe
mejor. Besos, sonrisas, prisas, nervios, como estás mamá, mira lo que hago
mamá, mira lo que he aprendido mamá.
Y esa foto, sigue
reflejando verdades de mentira. Ahora la felicidad parece que vuelve a querer
entrar por esa puerta. Aunque lo que de verdad entra no es la felicidad.
Miedo.
Los niños.
Se apaga, desaparece…
la luz de esa persiana ya no existe. Solo hay oscuro, vacío. Casa llena de
vacío que deja al salir por esa puerta, con ella, con su vida.
Intentaba volver a
llenar ese salón de fotos con sonrisas de verdad, con la felicidad que volvía
cuando lo malo ya no estaba, cuando el problema había desaparecido. Ahora ya no
puede.
Mujer, compañera,
hermana, madre, amiga. Se lo llevó todo, a ella, a su sonrisa, a su prisa, a
sus nervios, a su tiempo, a sus niños, y su café.
lunes, 25 de agosto de 2014
A veces te quedas, sin darte cuenta, pero te quedas. A veces también te vas, pero esas veces yo también me voy contigo. Crees que es todo fácil, que llamas y estoy, que vuelves y sigo aquí, que voy a estar siempre en el mismo sitio.
Nunca se valora tanto a quien siempre está, como al que nunca se queda.
Es posible que ahora toque irse.
Igual así te acuerdas.
Igual así quien vuelve,
o quien no se va,
eres tú.
Nunca se valora tanto a quien siempre está, como al que nunca se queda.
Es posible que ahora toque irse.
Igual así te acuerdas.
Igual así quien vuelve,
o quien no se va,
eres tú.
miércoles, 13 de agosto de 2014
nicontigonisinti
Te has parado a pensar alguna vez cuál es el motivo, el por
qué de no poder pasar de ese nombre, de esa persona, mientras ves los contactos
en tu móvil, el por qué de no poder leer cualquier tontería romántica de
cualquier blog sin pensar en esa misma persona, el por qué de no saber
imaginarte a cualquier otra de las tantas que pueden ser especiales durmiendo
contigo, viéndote como de verdad eres; como un mapache sin desmaquillar después
de una mañana de fiesta, con el pelo totalmente al contrario de como estaba esa
misma noche, sin ropa, con cualquier camiseta vieja y rota, con lo que sea, en
cualquier momento, como en realidad eres.
Te has parado a
pensar alguna vez cual es el motivo, el por qué del paso del tiempo, de los
pros y los contras, de lo bueno y de lo malo, de los intentos, de las llamadas,
de los encontronazos, de los finales, de los terminar de siempre, por qué
siempre es esa misma persona.
Segundas oportunidades nunca fueron buenas, ni terceras, ni
cuartas, ni todas las que vengan después, pero yo creo que ninguna de ellas en
realidad existe. La primera oportunidad quizá nunca se acabó, solo necesita
tiempo a ratos, y a ratos tiempo, necesita cambiar, una vez, y otra vez, la
primera oportunidad seguramente nunca se acabó, porque las que vienen después
no funcionan, y ésta sí.
Puedes negarlo, puedes intentar esconderlo, puedes tratar de
querer no sentir lo que sientes, puedes ignorarlo, e incluso puedes llegar a
querer olvidarlo y terminar por odiarlo,
pero siempre será tu primera oportunidad, la tuya, la que era para ti, quien
fue, y nunca dejó de serlo, quien podría verte siempre, y de cualquier forma,
quien sabe sin hablar lo que significa tu mirada, quien sabe cómo eres, porque
esa persona también es contigo, quien aprendió a enseñarte, y se enseñó
mientras te aprendía, la tuya, tu para siempre, que a veces es nunca.
jueves, 12 de junio de 2014
tú
Que se hace duro, y no volver a verte, y no volver a tenerte,
y que te quiero, y que me cuesta, y que me costó y me costará seguir diciéndolo,
admitiéndolo, que lo sabes, que te echo de menos, que no estás, que te has ido,
que no es para tanto, pero tanto si es mucho, que sigues sin estar, que vuelvo
a quererte. Tan fácil como hola, o tan difícil como adiós. Tan simple o
complejo como hasta luego, porque no sabes cuándo será. Tan simple como un
beso, o tan complejo como el último. El último… ahora es cuando intentas
recordar cuál de ellos fue, porque si lo hubieras sabido… Tan difícil como ese te quiero, tan único, tan
mío... y tan poco tuyo.
lunes, 2 de junio de 2014
El nosotros se me fue de las manos...
Porque cuando es de día todo es diferente. Abres los ojos
con la luz que entra por el hueco de la persiana y te da por pensar que quizá
no sea para tanto, que solo es pasajero, que lo mismo que vino se ha ido. Te da
por pensar que es fácil mirar hacia otro lado, cambiar de libro.
Porque cuando es de día todo es diferente. Empiezas de nuevo,
siempre es un principio, y en ese principio siempre puede haber algo esperándote.
Esperas no mirar atrás al pasar aquella esquina, aquel abrazo, esperas no
encontrar ese olor que es suyo, esperas solo mirar donde no estuvo, donde no
hay nada suyo, donde no hay nada vuestro.
Porque cuando empieza a irse el sol todo es diferente. Dejar
pasar todas las horas del día intentando no nombrarlo, ni siquiera pensarlo.
Dejar pasar todas las horas del día pensando que hace falta tiempo para
asimilar que lo vuestro no dejó de ser imperfecto. Dejar pasarlas simplemente
porque pasan solas.
Aprendes a tener del
todo, un poquito. Aprendes a saber que ese poquito es tu todo. Me enseñas a ser
contigo, y se te olvida que no sé ser sin ti. Eras mi tú, y yo era tu yo, pero
ya no.
Sé que no se te olvida nada. Sé que todo no es fácil. Sé que
lo que nace se apaga, pero sé que siempre se olvida solo de una parte. Sé que
todo viene, y todo va. Sé que todo cambia, y que ha cambiado, pero también sé
que puede volver a cambiar.
Tu tiempo era mi tiempo, y el que no teníamos, antes o
después, sería nuestro, de los dos. Tu tiempo era mi tiempo, eran los días sin ti,
y los pocos contigo. Tu tiempo… acabó siendo solo tuyo.
Que lo que viene va, y lo que va, a veces no vuelve. Que lo
que espera desespera. Que si sabes no preguntes. Que de donde no hay no sale.
Que tú eras mi yo, pero yo no era para ti. Que el nosotros se me fue de las
manos, y ahora el que se ha ido eres tú.
miércoles, 23 de abril de 2014
No lo sé
Ya no sé si es miedo, ganas o necesidad, solo sé que es
contigo. No sé si a esto se le puede llamar historia, cuento, sueño, pesadilla
o en realidad todavía nadie le ha encontrado un nombre. No sé por qué tuvimos
que encontrarnos en el mismo camino y acabar siguiéndolo juntos. No sé por qué
me haces tanta falta. No sé por qué siempre tengo ganas, y más ganas de verte.
No sé qué piensas tú de todo esto, de ti, de mí… No lo sé.
Lo que sí sé es que yo no quiero seguir sin ti. Sé que somos
agua y aceite. Sé que nunca entenderé muchas cosas, igual que, posiblemente, tú
nunca me entenderás a mí. Sé que, con ganas, todo se puede. Sé que hay que ser
capaz de cerrar muchas puertas, sólo para que una se abra, o quizá no… Sé que
hay que perder para ganar. Sé que soy yo cuando eres tú, y que somos nosotros
cuando estoy contigo. Sé que no quiero quedarme con las ganas de saber que
pasaría. Sé que nada es justo pero que lo injusto también regala, y mi regalo
fuiste tú. Sé que se podría. Sé que quiero que se pueda.
Quiero ser yo contigo, y que tú seas conmigo. Quiero que tú
quieras querer, y que al final queramos los dos. Quiero que siempre al mirar
hacia delante, solo esté el contigo, sólo sea el no injusto, y que empiece lo
que no debería terminar nunca, nosotros.
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